El escepticismo hacia los medios se manifiesta en su irrelevancia

La instauración de un modelo político autoritario en la sociedad, que implica censura y persecución de periodistas, el desplazamiento del interés de los consumidores para acceder a la información por medio de influencers y la presencia cada vez más fuerte de mecanismos de Inteligencia Artificial (IA) en el terreno profesional son retos para el periodismo en la actualidad.

La clave ha sido la explotación de las posturas irracionales, que se nutren del sentimentalismo y del carácter histriónico de líderes políticos populistas, que cuentan a su favor con las posibilidades que otorgan las redes sociales y el servicio de troles, a los que se suman cantidad de influencers políticos pre-pago, que persuaden a los consumidores. También, hay que reconocer, que una parte del periodismo se puso en un rol "militante" de algún candidato populista de derecha o izquierda. 

Maquiavelo postuló que quienes quisieran ejercer el poder debían utilizar cierta proporción de fuerza y fraude. La democracia, sin embargo, exige de nosotros una tercera F: la fe, la confianza fundamental en la racionalidad de nuestros conciudadanos, la creencia de que las instituciones de las que depende la sociedad son capaces de y están dispuestas a ejecutar las tareas que se les encomiendan.

Esta no es una fe ingenua y crédula. Por eso las democracias necesitan mecanismos para contrarrestar y controlar el poder de sus estructuras oficiales. Aun así, el sistema de autogobierno requiere una porción de confianza en que este esquema clamoroso e idealista es capaz de funcionar.

Cabe señalar que el periodismo tiene una desventaja inherente al desafiar la demagogia. El sello distintivo del periodismo de calidad es su capacidad para representar las complejidades del mundo en sus matices y detalles adecuados. Los demagogos no necesitan tales sutilezas. Pintan con pinceladas amplias y colores primarios.

Cualquier periodista sabe que los políticos mienten. Sin embargo, lo que distingue la evasión política de siempre de las invenciones de un demagogo es la facilidad y el volumen con el que se difunden estas falsedades. En cualquier caso, la interpretación del mundo que hacen los demagogos es legible y comprensible. Todos los problemas tienen soluciones claras y todas las dificultades de la vida son fácilmente atribuibles a culpables específicos.

Se observa un creciente escepticismo hacia los medios periodísticos tradicionales, con lo que se manifiesta una crisis de relevancia y credibilidad.

El problema de los periodistas no es solo que el público no confíe en ellos, sino que sí confía en otros intermediarios que mienten. Por lo tanto, hay una crisis de credibilidad, además de una crisis de credulidad. Por ejemplo, los periodistas fueron reacios al principio a calificar como mentiras las falsedades de ciertos gobiernos populistas, así como a ocultar o camuflar claras evidencias de corrupción en estos gobiernos a cambio de pauta publicitaria. Establecer pactos de conveniencia entre medios y el poder es totalmente bochornoso, aunque común en la sociedad.


CRISIS DE CONFIANZA

A fin de lograr la confianza del público en los periodistas, El periodismo debería emular a las ciencias sociales, donde cada fuente está documentada, y a las ciencias duras, donde cada hallazgo debe ser replicable. En esos ámbitos, mostrar cómo se llegó a las conclusiones ha sido durante mucho tiempo un requisito profesional.

Cada pieza periodística importante debe ir acompañada de un hipervínculo con un título que diga cómo se reportó esta historia, donde un lector o espectador pueda encontrar los documentos, entrevistas e investigaciones que se relacionan con la historia que acaban de leer. Si así lo desea, el lector debería seguir estos pasos y sacar las mismas conclusiones. Esto no sólo minimiza el argumento de que las noticias, como dicen los cínicos, son simplemente inventadas, sino que arroja un desafío ante otro tipo de medios con los que ahora debemos competir por la influencia pública.

En esa misma dirección se ubica como una preocupación válida la proliferación de influencers y comunicadores digitales que operan sin contemplar los estándares profesionales del periodismo y que, por un lado, cuestionan el quehacer del periodismo de calidad y, por el otro lado, están impactando sobre los consumidores de la información y alimentando un creciente escepticismo hacia los medios periodísticos tradicionales, con lo que se manifiesta una crisis de relevancia y credibilidad.


LA IA ES UNA BUENA HERRAMIENTA

Si, la IA es una buena herramienta, pero es susceptible al error y a la desinformación. Por ello no puede suplantar al periodista. La revolución digital ha dado un altavoz a muchos, también facilita la aparición y extensión de fake news, también ha complicado la distinción entre información veraz y falsa, pero también ha permitido a los periodistas acceder a una cantidad de información sin precedentes.

En similar posición se destacó el papel de los mecanismos de la Inteligencia Artificial (IA) en relación con la práctica periodística, por cuanto representan una valiosa herramienta de apoyo para el trabajo de los profesionales del campo, si se utilizan de manera correcta, pero que no pueden suplantar al ser humano, ya que son susceptibles al error y a la desinformación, y la tecnología debe complementar el trabajo de los periodistas, pero nunca reemplazarlos.

Resulta lamentable que esas preocupaciones y discusiones no bajen a los ciudadanos que son los titulares del poder y cuentan de manera inherente con el derecho a la comunicación y a la información, y que —al contrario— sean víctimas, junto a los periodistas de calidad como servidores públicos, de los embates del autoritarismo reinante y proclives a la desinformación.

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