En los medios digitales suele suceder que, ante las críticas de sus suscriptores, los conductores del medio salen a explicar que, en ocasiones, las informaciones que leen no tienen por qué corresponderse necesariamente con sus ideales, y que eso no es malo. Pareciera que el mayor reto de los medios es convencer a los lectores de que no siempre el medio refleja sus puntos de vista.
Es paradójico que cuando el periodismo es más barato (excepto en la primera década del siglo XXI donde todo era gratis), las suscripciones digitales anuales rondan los 60-80 dólares en vez de los 400-600 que costaban las de papel, hoy existan más quejas que nunca sobre el trabajo periodístico, y que muchas de esas críticas provengan de quienes pagan por esos medios.
Antes bastaba con decir que un medio era “de la mañana” o “líder” para que se vendiera solo, pero ahora se utilizan términos tan relativos como “calidad” y “compromiso” y se pone el acento en que los lectores “eligen”, “mandan” y “deciden”. Si tal es el poder de quienes pagan por periodismo, y tan subjetivos los valores que les pueden ofrecer los medios, no debe de resultarnos extraño que se hayan vuelto mucho más exigentes y que difundan sus expectativas no correspondidas en cualquier red social.
Cuando alguien paga por un medio, especialmente si lo hace a través de la microfinanciación -que implica un apoyo que va más allá del monetario- entre suscriptor y medio se produce un condicionamiento, una promesa de valores, una cosmovisión, y cualquier tipo de traición a esos valores genera una profunda frustración en esa comunidad inicial. Además, son muy fanáticos y exigentes los primeros suscriptores con una causa. No van a dejar pasar ningún tipo de concesión a los valores iniciales. Eso le pasa a The Guardian y al eldiario.es.
PERIODISMO A LA CARTA
El mercado se encamina hacia medios de comunicación de ultra nicho con una especie de periodismo a la carta. Hay medios que aprendieron a convivir con el conflicto entre quienes firman los artículos y una parte de los lectores. Entrevistar a determinadas personas o tocar algunos temas, como los vientres de alquiler o la prostitución, provocan debates en las redes sociales que el medio afronta con naturalidad.
Los lectores deberían acudir a los medios de comunicación buscando noticias, es decir, aspectos novedosos que, en ocasiones, también puedan sorprenderles en sus propias convicciones, pero la multiplicidad de medios y su acceso universal ha llevado a una fragmentación que en ocasiones se confunde con trincheras donde la capacidad de sorpresa es relativa.
Hay lectores que acuden a los medios para informarse y la mayoría a buscan un cierto aval a sus ideas o convicciones previas. El campo para medios transversales, moderados y centrados parece ser cada vez menor.
CRÉANME, SOY PERIODISTA
Frente a las quejas de los suscriptores diciendo que lo que esperaban leer no es lo que leen o creen leer, los medios no tienen mucho margen de maniobra. O mantienen el enfoque que motivó el descontento o dan marcha atrás y se limitan a tratar los temas que saben que mantendrán contentos a sus lectores.
Esta actitud implica que, si eres un medio militante o activista, tendrás que ser muy riguroso con los valores fundacionales. Si en cambio quieres mantener altos valores periodísticos, tendrás que ser capaz de tolerar pérdidas de suscriptores y quejas furibundas. Los medios pequeños que se sostienen con una comunidad de usuarios muy definida corren el riesgo de alejarse de las ideas originales y condicionar su futuro.
Otra opción es tratar de convencer al suscriptor de que no todo lo que se publica será de su agrado. Se trata de pedirle al lector que salga de su zona de confort intelectual y confíe en el periodismo, sabiendo que puede incluso leer algo que le resulte incómodo.
O bien el medio se ajusta a lo que esperan leer sus clientes o bien se arriesga a perderlos publicando informaciones que les sean incómodas. Era difícil imaginar que después de los grandes anunciantes iba a haber otro agente condicionador: el lector que espera leer informaciones que se ajusten a su forma de pensar bajo pena de darse de baja del proyecto. Estamos viviendo la tiranía del fan.

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