Las nuevas tecnologías han provocado una crisis en los medios de comunicación tradicionales haciéndoles perder su incuestionable lugar privilegiado como referentes en la sociedad.
Ese lugar privilegiado profundizó una serie de vicios que pasaba desapercibido para gran parte de la ciudadanía y su ausencia de alfabetización mediática.
El permanente crecimiento e implementación de las tecnologías multiplicaron las plataformas de información y fragmentaron los públicos, llevando a una reconfiguración de todo el ecosistema de la industria del entretenimiento y los medios de información: prensa, televisión, radio y cine.
Este cambio de dinámicas llevó también a que se reconfigure la comunicación pública -tanto privada como gubernamental- y cambiara la importante inversión publicitaria según tecnologías, propiedad o soportes.
Para los medios tradicionales la competencia más novedosa y fuerte no fueron nuevos soportes, sino "comunicación interpersonal", y si bien los medios tradicionales siguen siendo la fuente principal de información política en América Latina, las formas de comunicación interpersonal han crecido más del 70% desde el inicio de siglo, llevando a una crisis económica a diarios y revistas, además de una tendencia descendente en la radio como en la televisión.
MEDIOS Y DEMOCRACIA
Dentro del pensamiento democrático moderno, la comunicación es considerada como un espacio común y vital de expresión ciudadana. El gran público se aglutinó en una diversidad de grupos que potenció el desarrollo de los medios como los conocemos actualmente. Estos medios funcionan como protectores de la democracia y la democracia como protector de la prensa y el periodismo. Esta misión de medios estatales o privados era un servicio a la ciudadanía, y ese ideal público del periodismo les daba sentido a los contenidos mediáticos. Ahora bien, ninguno de estos conceptos y mandatos normativos tienen sentido si no hay un público común que funge, a su vez, como un actor central de la democracia, y la constante fragmentación comunicacional y segregación social global, no sostiene la idea del público como espacio común de información y deliberación.
Este nuevo escenario produce una comunicación contraria a la civilidad y al diálogo en la diferencia, y potencia la hostilidad y la intolerancia. Esa hostilidad se puede ver en los comentarios en los sitios de noticias y redes sociales, creando un síntoma de polarización anteponiendo la expresión individual al diálogo y, generalmente, la agresión al debate.
En Latinoamérica la libertad de criticar y opinar se percibe débil si consideramos que ocho de cada diez personas consideran que no es conveniente confiar en el otro. El potencial del diálogo que fomentan las plataformas digitales no resulta necesariamente una comunicación democrática y tampoco facilitan una expresión despojada de objetivos comunes e interesada en la reafirmación de convicciones existentes.
POSVERDAD
La aparición de la palabra posverdad llevó a la RAE a tener que incorporarla con la siguiente definición: "El potencial de la retórica para hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso”. La Postverdad implica que la línea que separa lo verdadero de lo falso desaparece y se lo disfraza como una visión o hecho alternativo, pasando por alto que no es una visión o hecho alternativo, sino es directamente una falsedad, una mentira.
Para un medio de comunicación la noticia y los hechos son la razón de su existencia, pero ¿qué sucede cuando la multiplicación de las fuentes de información hace que los hechos pierdan autoridad frente a los hechos alternativos, e impide distinguir lo verdadero de lo falso?
Internet es una gran fuente de información falsa que rápidamente se comparte, se viraliza y se toma como verdadera. Los hechos se manipulan y se muestran de acuerdo con las conveniencias y pasiones que cada uno maneja, dejando de lado el fundamento de la verdad y generando el pensamiento que la verdad es debatible y que argumentos fundados y parciales, con versiones descabelladas que prescinden de datos cotejables o argumentos racionales son ciertos.
Las falacias y las noticias negativas suelen propiciar cinismo social y desconfianza en las instituciones políticas, sociales y económicas. Estas crisis de confianza que están viendo en los congresos, gobiernos, partidos políticos e incluso los mismos medios de comunicación.
Cuando no importan los hechos y se prefieren, como observó Hannah Arendt, los hechos inventados y la consistencia de cualquier evento con las creencias existentes, se cae en un relativismo que dificulta acuerdos mínimos sobre aspectos fundamentales de la vida pública.
La comunicación narcisista que se regodea en las propias certezas sin cuestionarlas es contraria al pensamiento crítico como base de la comunicación pública en tanto supone evitar e ignorar argumentos que disientan con el propio pensamiento o que cuestione dogmas. La fragmentación dificulta las oportunidades para la discusión y la implementación de una visión amplia e integradora de perspectivas y demandas ciudadanas.
Con el uso a raudales de la información hay varios aspectos para analizar: las mentiras, fake news, generadas por IA y difundidas con intereses muy específicos. El plagio sin contemplación. El reciclaje de las informaciones noticiosas, descontextualizadas y fragmentadas. La distorsión de los hechos con una perspectiva totalmente inaudita. Todos estos conducen a una violación importante del derecho a la información de los ciudadanos, que lleva a una agresión a los derechos humanos.

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